«La naturaleza no responde al azar ni al capricho de un dios emocional y malhumorado. Detrás de todo lo que vemos, existe una ley» —Gerardo Schmedling 1
Una breve Introducción
Si el orden universal ha sido establecido por “Dios” —el Absoluto, el Todo, La Fuente— , este, como Creador, se erige como arquitecto de un plan perfectamente estructurado —tras una infinita red de interacciones entre leyes y procesos— desde el que nos llega un Orden Divino, tejido en un Todo infinito que todo lo abarca.
Entonces no hablamos de un mandato externo y temporal, sino de una Ley Eterna que atraviesa todos los planos del ser humano, mente, cuerpo y espíritu. Una Ley que, tan silenciosa como omnipresente, sostiene la danza entre mundos, universos y realidades, y la respiración de cada criatura, de cada alma que los habita.
Una jerarquía de sentido

Es posible definir las Leyes Universales como los «principio inmutables que rigen el orden universal y los procesos de creación, manifestación, funcionamiento y comprensión del Universo», La Ley no es personal, sino universal. Lo que es absolutamente personal es la comprensión acerca de la Ley. Gonzalo Rodriguez Fraile 2
Las Leyes Universales, convenientemente jerarquizadas, no se presentan como piezas aisladas. Son una suma que arrojan un total, un Todo infinito que nos envuelve y abarca. Cada Ley superior incluye y trasciende a la inferior, la ilumina, la abraza, la lleva a su totalidad de manera que, vida tras vida, todos avancemos hacia la plenitud.
No son Leyes variables. A diferencia de las leyes humanas, incluidas las de la naturaleza y de la física —apenas siendo estas últimas una minúscula parte entre las Leyes Universales— trascienden el espacio y el tiempo. No pueden ser revocadas pues son el tejido mismo de la existencia. Todo tiene sentido dentro de ellas. Nada es intrascendente. Todo es necesario para la evolución de las almas.
Siempre, tras cualquier acontecimiento o suceso —por doloroso e incomprensible que este parezca— encontraremos una Ley. No existe ni la buena ni la mala suerte. Cualquier cosa que suceda estará dentro de la Ley o si no, no ocurriría. Nada queda al azar.
La verificación por la vida
“Les invito a no creer en la Ley, sino a verificar la realidad de su presencia a cada instante de nuestras vidas. De hecho, mi invitación es a no creer en nada, y mucho menos se les vaya a ocurrir creerme algo a mí. Lo importante es que ustedes lleven a la práctica y verifiquen la presencia de la Ley” —Gerardo Schmedling 3
Lo cierto es que no hablamos de creencias, ni de dogmas o discursos, sino de experiencias. Las Leyes Universales se verifican por sus frutos y es precisamente ahí, donde reside su fortaleza.
Cuando vivimos en armonía con ellas, los resultados son paz, claridad, apertura. Cuando nos alejamos, surge el conflicto, el dolor, el desajuste.
El sufrimiento no es un castigo sino una señal, un mensaje de la vida invitándonos a volver al orden esencial. Una enfermedad que nos obliga a detenernos, una ruptura que nos empuja a mirarnos hacia adentro, una pérdida que abre un inesperado camino. Todo ello puede ser entendido desde la comprensión de las Leyes operando.

La Ley suprema: el Amor
Sobre todas las leyes se eleva la Ley del Amor. Toda alma está destinada a volver, tarde o temprano, a su lugar de origen, a La Fuente creadora.
Así pues, este amor no estará reducido a la emoción pasajera o al apego humano, sino el amor como energía incluyente que abraza todo lo que existe. Amor como reconocimiento de la perfección en cada experiencia, como aceptación de que nada llega a nuestra vida por error.
Un Amor que integra, que sana, que reconcilia. Es el principio y el fin, la raíz y la cima de todas las demás leyes. Es el camino ascendente para toda alma en evolución. Es la llegada a Casa como plan del Supremo.
Una primera conclusión
El universo no es un caos sin dirección. Existe un orden invisible, una arquitectura de absoluta sabiduría que nos acompaña en cada paso, vida tras vida. Y la vida misma, en este plano que habitamos, es el laboratorio donde podemos comprobarlo. Cada pensamiento, cada palabra, cada gesto, cada acción, nos muestra si caminamos en armonía con las leyes o en contradicción con ellas.
Comprenderlas es dejar de luchar contra la corriente y aprender a fluir en ella. Y en lo más alto de esa corriente, siempre, late el Amor.



Pedro Atienza
«Porque quizá —como tú, como yo— hay muchos que no buscan teorías, sino una manera más humana, más honda y verdadera de estar en el mundo. Y tal vez, solo tal vez, al aprender a sentir de verdad, comencemos a recordar quiénes somos»
escritos@pedroatienza.es
Pedro Atienza
@pedroatienza.ie
© 2026 El Despertar de la Conciencia
Últimas entradas

No responses yet